El ISTMO de Panamá, por su situación geográfica en el centro del continente americano, cumple el designio divino de unir a los hombres de la tierra, dando paso y albergue transitorio en su territorio a las naves que conducen en sus vientres, todos los productos naturales como materias primas y como artefactos producidos por la mano del obrero y el milagro de las máquinas, que los ponen al alcance de la humanidad; acogiendo en su seno a todos los hombres de las más remotas latitudes que llegan, posan sus plantas y continúan su romería al influjo de la aventura y las inquietudes que los indujeron a salir de sus lares.

“Pro Mundi Beneficio” fue el lema que escogieron los fundadores de la República, para ostentarlo en el escudo de la nación. Así que, Panamá como miembro de la comunidad de naciones soberanas el globo, cumple una alta misión, que es masónica, de la confraternidad humana dentro de sus fronteras.

La Orden Masónica ha sido factor en la vida de los panameños, desde el año de 1821.

Antes, en la época de la Colonia, no escasearon en sus visitas de transeúntes por esta garganta de tierra, elementos de otras partes del globo, especialmente de Europa, entre quienes hubo muchos de condición masónica, que las autoridades de la Inquisición condenaban como herejía digna de los tormentos, la confiscación y hasta la muerte, cuando no el destierro.